Uno de los recuerdos que más grabado tengo en mi memoria es de tercero de bachillerato, en clase de ciencias el profesor hizo una pregunta respecto a la circulación de la sangre, yo me animé a contestar y mi respuesta fue poco menos que un barbaridad, incluso los compañeros me miraban como diciendo para que habrá levantado la mano si no tiene ni idea...
Lo mejor fue la respuesta del profesor, me aclaro sin ningún gesto ni tono de reproche el porque mi respuesta era equivocada. Yo sabia que la había fastidiado pero él no me hizo sentir mal,ni aprovecho para dar una charla sobre la importancia del estudio, de escuchar en clase... me dio confianza y no me anulo con lo que seguí participando en clase y creo recordar que no metí ningún patazo grande, o al menos lo recuerdo.
Creo que el ponerse en el lugar del otro es clave en nuestra profesión (y en la vida). Humaniza las clases, acepta el error y las dificultades que puede tener el alumnado.
Tras realizar el ejercicio sin duda las habilidades didácticas y sobre todo la manera de ser ganan por goleada. Autenticidad, respeto, empatía, entusiasmo, dominio de si mismo, respeto, capacidad de comunicación, sentido del humor, entre otras las considero cualidades fundamentales en todo buen docente.
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